EL PUNTO DE INFLEXIÓN

Transcurrieron los años, y mi vida laboral como ingeniero no me permitía ausentarme del trabajo más de una semana seguida, por lo que comencé a viajar con María de la manera más tradiccional, en coche. Mientras tanto, yo seguía pedaleando día sí y día no por tierras extremeñas. Salidas, rutas, maratones…las ruedas de mi bici nunca dejaban de dar vueltas y el propósito de volver a la aventura y realizar un nuevo viaje cicloturista siempre estaba en el horizonte.

María finalizó su segunda carrera, Licenciatura en Comunicación Audiovisual, en el año 2010, y comenzó a trabajar en un nuevo ámbito profesional para ella, el de los medios de comunicación. No obstante, al sumergirse en el mundo de los medios audiovisuales, enseguida se percató de que la oferta laboral era muy escasa y de que los trabajos que se podían encontrar, solían ser temporales, por meses, o incluso días, generalmente bajo condiciones precarias.

Con todo ello, entre los dos nos surgió una idea, la creación de un proyecto audiovisual, con el objetivo de que María siguiera formándose y a la vez pudiera coger una experiencia que el escaso mercado laboral no podía ofrecerle en aquellos momentos. Por mi parte, adquiriría nuevas destrezas que nunca me había planteado hasta entonces y descubriría en el mundo audiovisual otra de mis pasiones, aunque no se si por el mundo en sí, o porque realizo con pasión todo lo que hago.

Tras meditar durante un tiempo, hacia dónde íbamos a enfocar nuestra primera actividad, una idea me surgió de repente: el cicloturismo. En 2011 se había creado un club cliclista en mi pueblo, y yo, como parte implicada en el proceso, trataba de animar a los demás a formar parte de él, a conocer la práctica de un deporte tan especial, transmitiendo las sensaciones y los sentimientos que de su afición se derivan. Como todo ciclista experimentado sabrá, la progresión más avanzada en el mundo de la bicicleta, con el paso de los años, es la que invierte la concepción del tiempo como enemigo, para verlo como un aliado, el más preciado de los tesoros, que te invita a disfrutar de cada instante, de cada paisaje, de la compañía, a detenerte, contemplar y continuar, a un nivel superior, a viajar en bicicleta. Tras hablarles de mis viajes conseguí animar a tres amigos (aunque uno de ellos ya había realizado el Camino Francés de Santiago) para aventurarse a realizar un pequeño viaje de tres etapas, a lo largo de la Vía de la Plata, desde Cáceres hasta Salamanca, durante los días festivos de la Semana Santa del año 2011.

Provisto de cámara de video y trípode por primera vez en mi equipaje, volvía a viajar en bici después de tres años sin hacerlo, aunque solo fueran 3 días. La idea: grabar un pequeño documental que recogiera las primeras impresiones acerca del cicloturismo por parte de mis amigos, dos de los cuales no habían viajado nunca antes en bicicleta.

Aquel primer trabajo audiovisual, realizado prácticamente sin medios, pero desde el corazón, para el cual compusimos incluso su propia banda sonora, se llamó “CIEN MIL PEDALADAS: A Castra Caecilia ad Caelionico“, y supuso un hito histórico en nuestra vida. A lo largo de los diversos trabajos de producción del mismo, María se vió envuelta en el deseo de vivir una experiencia de tales características. Tras ver las fotografías de mis anteriores viajes, aquel documental fue para ella la gota que colmó el vaso. Quería hacerlo. Soñaba hacerlo.

Sin experiencia ninguna, y siendo sus últimas pedaladas las que había dado en su infancia me prometió que en cuanto tuviéramos unos días libres, recorreríamos Extremadura de sur a norte a lo largo de la Vía de la Plata, desde Arroyo de San Serván hasta Baños de Montemayor. Y lo hicimos. Fue en Semana Santa de 2012. Fueron cinco etapas en las que viviríamos toda una pequeña gran aventura en pareja repleta de emociones, en un auténtico ejercicio de superación, coraje y valentía por parte de María, la cual se había lanzado a la aventura sin más preparación que las enormes ganas que tenía en su mente de hacer algo así hace mucho tiempo.

Aquel viaje la cambió para siempre. Lo había conseguido. Lo había logrado. Sin pedalear desde la infancia. Sólo tenía que encontrar un motivo para volver a pedalear y éste le cambió la vida. Padeció por primera vez el síndrome del día después de la aventura, el querer más, el planear un nuevo reto, el querer volver a vivir una experiencia así lo antes posible, el recordar esos días como parte de un sueño, y querer que ese sueño no se acabase nunca jamás.

Nació pues una afición preciosa en ella, se convertiría en cicloviajera. Desde entonces no concibe un viaje vacacional que no sea en bici. Con ello, le dimos el más bello de los sentidos a nuestro proyecto audiovisual, y nos propusimos acercar el mundo del cicloturismo a los demás, a través de nuestras experiencias recogidas en una serie de reportajes y documentales realizados desde nuestro corazón, invirtiendo hasta el último atisbo de pasión en cada una de sus pedaladas.

Tras aquel primer viaje con una de cámara de video (y accesorios varios) en mis alforjas, en el que rodamos nuestro primer trabajo audiovisual “CIEN MIL PEDALADAS: A Castra Caecilia ad Caelionico“…nunca volvería a viajar sin ella. A partir de entonces, y con el descubrimiento de la bicicleta por parte de María como medio para realizar sueños, decidimos centrar la actividad de nuestro proyecto audiovisual en torno al cicloturismo.

Así nació  el proyecto “Cien mil pedaladas: pedaleando Europa” en el año 2012, cuando nos aventuramos a realizar nuestro primer itinerario cicloturista europeo en pareja, La Loire á vèlo, un trazado a lo largo del rio Loira desde el interior de Francia hasta su desembocadura en el océano Atlántico. A partir de entonces, siempre hemos viajado provistos de cámaras de vídeo, grabando imágenes e impresiones por todos aquellos lugares por los que hemos pedaleado, con la idea de producir una serie de documentales sobre cicloturismo en Europa, en la cual trataríamos de acercar esta manera de viajar tan especial a todas aquellas personas que nos conociesen, y a ser posible, animarlas a aventurarse en un viaje de estas características.

Beni.